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El final de las religiones

El final de las religiones

Autor: Fernando Magallanes
Una estadística presentada recientemente por el diario galo “La Croix” muestra con claridad la secularización del país transpirenaico y aun de los mismos creyentes.El sondeo realizado por el Instituto Francés de Opinión Pública acerca del catolicismo, entrevistó a 131.000 personas en cinco años. Se concluye que el 64 por ciento de los franceses se dicen católicos. Sólo 19.000 de los entrevistados se declararon católicos practicantes y 65.000 católicos pero no practicantes. Únicamente un cinco por ciento de la población asiste a la misa dominical. Y un 28 por ciento de la ésta  se declara sin religión, aunque esto puede significar según los sociólogos, la creencia en un Dios pero no en la religión.Luego hay un alto índice de disidencia doctrinal. Sobre cuestiones relativas a la anticoncepción (75%)  el aborto (68%) o la homosexualidad (49%), los declarados practicantes según sus porcentajes, creen que la Iglesia debería cambiar su enseñanza en estos temas. Así, sólo 800.000 practicantes acudirían a misa semanalmente y aceptarían la enseñanza católica tradicional.Todas estas cifras pueden parecer normales o alarmantes según la óptica con que se vean. Alarmantes porque históricamente, Francia desde sus inicios como nación en los albores de la Europa medieval ha estado vinculada al catolicismo. Basta referir el título dado al país franco: “hija primogénita de la Iglesia”; contar el número de franceses incluidos en el catálogo de los santos; el número de congragaciones religiosas nacidas ahí, los misioneros enviados a otras regiones, etc. Pero también normales, porque son la consecuencia lógica de la laicización de la sociedad francesa comenzada en la Ilustración y puesta en marcha por la Revolución de 1789, mayo del 68, gobiernos de corte laicista, etc.Estos mismos fenómenos se percatan con mayor o menor fuerza, en los países occidentales europeos y americanos, en los países desarrollados de otros continentes, aunque también en los que están en vía de desarrollo. Con esto, ¿la fe en Dios o en creencias religiosas tendrá cabida en las sociedades modernas? Más radicalmente, ¿está cerca el final de la religión?

Científicos, pensadores o filósofos ya habían profetizado el fin de la religión en una época futura. Ésta tendría su fin con la llegada de la dictadura del proletariado, según Marx, porque es “el opio del pueblo”; Nietzsche proclamaba la muerte de Dios y el advenimiento del “superhombre”.  Freud explicaba el fenómeno religioso como una neurosis colectiva. Por su parte, Feuerbach concluía que la religión era la consecuencia de la alienación del hombre. Y en ambos casos, superable.La fenomenología de la religión, desarrollada por varias corrientes en el siglos XIX y XX  nos ofrece un dato esencial: el hombre, por naturaleza, en un ser religioso. Diacrónica y sincrónicamente, el hombre ha expresado su religiosidad, ya animista o panteísta, ya  politeísta o monoteísta. No es un aspecto posterior agregado a un hombre ateo de los orígenes, dado por la situación ambiental o la cultura, sino que “nace de su interior”. Por lo tanto, es un elemento que aunque negado o no practicado, se manifiesta de modo “inconsciente”. A la base de esto está la concepción del hombre como un ser no reducido a la materia, sino trascedente.Mircea Eliade, experto en el tema, desarrolla la cuestión en la última parte de su libro Lo sagrado y lo profano. Asume el crecimiento de la realidad arreligiosa, especialmente en Occidente. Un hombre que ha superado “los mitos religiosos y dogmáticos” de la antigüedad y del cristianismo. Pero, aun queriéndolo o no, conserva signos del comportamiento religioso. Un comportamiento religioso pero desvinculado de tal sentido. Véase las fiestas por el nacimiento de un niño, la unión matrimonial, iniciación en aspectos civiles, etc. Es la simple transposición valorativa de un acto antiguamente religioso. Se podría concluir que la desaparición de las religiones (con ritos, oración normativa, reglas morales) no supondría la desaparición de la religiosidad, por el hecho mismo de formar parte de la estructura innata del hombre.Asistimos, no obstante, a un resurgimiento del espíritu religioso, pero orientado generalmente a la espiritualidad oriental, sectario, espiritista, ocultista o con cariz gnóstico por una parte. Por otra, dentro de la Iglesia católica, también se siente con fuerza movimientos que pretenden renovarla. Éstos son, marcadamente de carácter laical, entendido como compromiso activo en las estructuras sociales y religiosas de aquéllos que no son clérigos ni religiosos: los Focolares, Camino Neocatecumenal, Comunidad del Emmanuel, Bienaventuranzas son algunos de ellos. Puede apreciarse la importancia que tienen y que adquirirán con la evidente disminución de la práctica y de los núcleos religiosos.Tanto la creciente secularización e irreligiosidad y el resurgimiento religioso en estos dos sentidos, expresan algo a la sociedad. Primero: hay que aceptar, de forma generalizada que en Europa la mentalidad casi ha dejado de ser cristiana. Luego, que el cristianismo no está llenando las expectativas del hombre actual en grandes campos. Está obligado a  renovarse desde dentro, ya lo trabajan así los movimientos mencionados. Tal vez el cristianismo vuelva a los pequeños grupos de fieles fervientes y no de las grandes masas, como en los primeros siglos. Las naciones propiamente confesionales han dejado de existir. Finalmente es una llamada a desempolvar la memoria para volver a las raíces originaron al continente y a la civilización occidental. Sin esas raíces que dieron lugar a la separación de Iglesia-Estado, libertad de conciencia, igualdad de sexos, dignidad de todo ser humano, derecho internacional, el hombre anda sin rumbo, y con peligro de perderse a sí mismo y a lo que ha construido con fatiga a lo largo de la historia.


*Con datos del artículo de Pablo Ginés en La Razón (13.1.10).

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