Certezas, verdades, y religiones

Certezas, verdades, y religiones

Certezas, verdades, y religiones

Por Fernando Pascual | fpa@arcol.org ¿Es lo mismo tener certeza que poseer la verdad? La pregunta surge por motivos diferentes, y permite abordar un tema de gran importancia.

 

Miremos un momento a la propia experiencia. Tengo la certeza de que esta tarde lloverá, pero no llueve. Tengo la certeza de que este teléfono es de un amigo, pero cuando llamo responde alguien que no conozco. Tengo la certeza de que esta noticia era seria, pero luego resulta ser completamente falsa.

 

Tener certezas no significa poseer verdades. Es cierto que muchas certezas surgen desde la posesión de la verdad. Cuando introduzco la mano en el bolsillo y palpo una llave estoy seguro (tengo certeza) de que es la de mi casa. Pero también es cierto que otras certezas son erróneas y, en ocasiones, dañinas.

 

Esta experiencia general se aplica al mundo de las religiones. Normalmente los creyentes de distintas religiones tienen la certeza de que la suya es verdadera. Pero una simple reflexión filosófica lleva a concluir que no todas las religiones pueden tener el mismo nivel de verdad.

 

Porque si un cristiano cree en la Resurrección de Cristo, en que es el Hijo de Dios e Hijo de la Virgen María, y que no hay otro nombre que pueda salvarnos, o tiene la razón, y las demás religiones estarían en el error, o está equivocado. Lo segundo (estar equivocado), como es obvio, no implica que las otras religiones sean verdaderas...

 

El diálogo interreligioso no puede prescindir de una reflexión sobre este punto. Porque no tiene sentido dialogar sin una mirada al objetivo natural de todo diálogo: confrontarse en vistas a un mejor conocimiento de la verdad, también en temas religiosos.

 

Cuando algunos pensadores, con escasa coherencia, afirman como verdad que no existen verdades religiosas, o que todas las certezas valdrían lo mismo, basta un poco de sano espíritu crítico para decir que se equivocan...

 

Solo entonces será posible construir diálogos serios, que sepan reconocer que no todas las certezas son verdaderas, y que solo una creencia religiosa es correcta si se construye sobre verdades que generan certezas sanas y buenas.

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