Especialistas en salud transexual se contradicen en nueva publicación.

Especialistas en salud transexual se contradicen en nueva publicación.

Rebecca Oas | Del Center for Family & Human Rights(Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano)

Una destacada revista médica publicó su primera serie sobre salud transexual y deja al descubierto lo que parecen ser importantes contradicciones.

 

Por una parte, sostiene que no hay nada malo desde el punto de vista médico con la transexualidad. Por otra, argumenta que es una condición que requiere atención médica, estableciendo la transexualidad como la primera condición no médica que requiere intervención médica.

Es probable que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconsidere su manual de diagnóstico en 2018, y que traslade las cuestiones relativas a la identidad de género del capítulo sobre «trastornos mentales y de conducta» a uno nuevo sobre «condiciones relacionadas con la salud sexual», empleando el término «incongruencia de género».

Esta revisión sería el último paso en una serie de cambios respecto de cómo el área de la salud mental considera la identidad de género. En 2013, la última edición del manual diagnóstico de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (DSM-5) reclasificó el «trastorno de identidad de género» llamándolo «disforia de género». Esto fue considerado como una normalización de la identidad transexual que cambia el énfasis en la identidad de género por la angustia que se asocia a vivir en un cuerpo que no concuerda con el género autopercibido.

Pero, según los autores de uno de los artículos publicados en The Lancet, la «disforia de género» aun así confiere una estigma, ya que «el diagnóstico sigue siendo el de un trastorno mental».

En una entrevista brindada a Mother Jones, Sam Winter, principal autor del artículo y profesor de sexología, señaló que los diagnósticos permiten a las personas transexuales acceder a fármacos y a otras terapias. El artículo plantea, aunque no responde, el interrogante de por qué, si ser transexual no es un trastorno, requiere tanta terapia.

La serie de The Lancet habla de «asistencia sanitaria de confirmación de género», que también podría definirse como intervenciones médicas cuya intención es ocultar el sexo natural del paciente, y que abarcan la terapia hormonal, inhibidores de la pubertad para adolescentes y cirugías para extirpar pechos, en el caso de mujeres, y penes, en hombres. Los autores insisten en que tales intervenciones deben ser incluidas dentro de los sistemas de salud públicos, financiados por los tributantes.

Ellos basan estas afirmaciones, en parte, en documentos de derechos humanos y en órganos de expertos internacionales que condenan los estereotipos. Cuando consignan los servicios de «confirmación de género», no obstante, los autores de The Lancet aseguran que los transexuales deberían adherir a dichos estereotipos: «La importancia del estilo de vestimenta, del comportamiento y de la presentación no puede ser exagerada… [e]l aporte de un asesor de imagen puede ser beneficioso para las personas que atraviesan una transición».

Una editorial escrita en coautoría por el editor de The Lancet, Richard Horton, afirma: «Debemos respetar, apoyar y proteger la elección individual». No obstante, los autores de esta serie asumen sistemáticamente una fuerte postura en contra del uso voluntario de terapias de reorientación o reparativas: «Los gobiernos deben hacer todo lo posible por erradicar las terapias de sexo reparativas para niños, adolescentes o adultos en su jurisdicción». La justificación que ofrecen es autorreferencial: «La opinión profesional predominante considera que estas terapias son antiéticas».

El aspecto más polémico de los cambios propuestos por la OMS para su manual tiene que ver con la creación de una clasificación independiente para la «incongruencia de género» en los niños prepúberes. Un diagnóstico de esta clase podría allanar el terreno para una «solución» permanente, para lo que normalmente es un problema temporal. Paul McHugh, psiquiatra de la Universidad Johns Hopkins, escribe que un 80 % de los niños con problemas de identidad de género los superan.

Los autores de la serie, incluyendo a Winter, «recomiendan cautela sobre la propuesta [de la OMS] de un diagnóstico para niños por debajo de la pubertad» y «se une a otros al instar a la OMS que reconsidere su propuesta».

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