Un trío necesario e irreemplazable: Familia, Parroquia y Escuela. Una respuesta a la ideología de género.

Un trío necesario e irreemplazable: Familia, Parroquia y Escuela. Una respuesta a la ideología de género.

Por Carlos Marin (Colombia)


En una perspectiva teológica y pastoral, la ideología de género plantea un sin número de desafíos a la tarea evangelizadora que la Iglesia  cumple en y a través de la parroquia, que es el corazón, el lugar y la fuente de la Nueva Evangelización.  

Continuando en el tiempo la misión a Ella encomendada, la Iglesia católica ha enseñado, promulgado y defendido, la dignidad de la mujer, el respeto a su persona y la no violencia contra ella, la igualdad de oportunidades y derechos de toda persona humana, la defensa de los niños y su derecho a una educación integral, el derecho de las padres de familia a educar sus propios hijos y también la verdad sobre la sexualidad humana..

Ahora bien, de cara a la ideología de género y al lobby LGTBI, la Iglesia, o mejor, todo el pueblo de Dios, tiene que defender la familia, la libertad de expresión y el derecho de los padres de familia a educar a sus hijos en libertad, según sus convicciones y valores,  sin imposiciones ni adoctrinamientos sexuales obligatorios.

En la sesión 61 de la ONU de la Comisión de la condición jurídica y social de la mujer, a celebrarse en estos días, se quiere imponer :  la *educación sexual para todo los jóvenes y los adolescentes en materia de sexualidad humana,  salud sexual y reproductiva*. Y como corolario, introducir el aborto como derecho en todo el mundo. No es otra cosa que la imposición de la ideología de género a escala global, manipular la verdad científica para adoctrinar a los niños. Son idealistas que dicen hacer avanzar la Humanidad, pero la realidad es que quieren destruir la familia a través de la ingeniería social.

En nuestro país, lamentablemente, la perspectiva de familia formada por un hombre y una mujer y unos hijos, que es proyecto de Dios, que toma sus propias decisiones sobre la educación afectivo-sexual y  los valores que transmite a la siguiente generación,  nada o casi nada cuenta para nuestros actuales gobernantes y para sus instituciones.

La Iglesia tiene que defender la familia, la de siempre, monógama, un hombre y una mujer, estable, que está siendo substituida por la promiscuidad, el sexo trivializado, y *nuevas formas de familia*. Defenderla  como proyecto de Dios, como Sacramento, como la  primera escuela para los hijos, como porción viva de la Iglesia de Jesucristo, como *iglesia doméstica*.  

Ahora bien, tratándose de acción pastoral con los niños, la Iglesia, y concretamente la parroquia, no puede por obvias razones ignorar  ni la familia ni la escuela. Las tres : Familia, Parroquia y Escuela, por la naturaleza misma de la misión propia de cada una de ellas, deben formar un trío que no vacilo en calificar de necesario e irremplazable si queremos hablar de la formación de buenos ciudadanos y mejores cristianos, esto es, de edificar la Iglesia de Jesucristo  y construir una sociedad sana, solidaria y justa. La educación hay que entenderla como *un todo* en el cual las tres son cruciales.

La vida familiar, la comunidad parroquial, el estudio y la disciplina escolar fortalecen cada una en su ámbito propio el carácter social de los niños y se convierten en regeneradoras de la sociedad. Las tres tienen, en últimas,  una misma misión: construir proyectos de vida humana, hacer hombres y mujeres en el más bello y pleno sentido de esas palabras, conscientes de su condición de hijos de hijos de Dios,  de miembros de una comunidad parroquial  y  de una sociedad.

Sin vacilación me atrevo a afirmar que la familia, la parroquia y la escuela se necesitan mutuamente. Ninguna puede prescindir de  o ignorar a las otras. Las tres tienen misión y responsabilidades semejantes, complementarias la una de la otra. Me atrevería a hablar de una cierta simetría entre las tres.

La Parroquia ejerce su propia maternidad espiritual engendrando los niños a la vida divina por el Bautismo, los procesos de iniciación cristiana, los Sacramentos de la Eucaristía y de la Confirmación, convoca y prepara a los jóvenes para el matrimonio como proyecto de Dios, bendice a los esposos y los acompaña en su camino hacia la santidad.

Esta  hermosa realidad de la maternidad espiritual de la parroquia, urge revivirla, enriquecerla, valorarla, respetarla; no interferirla, no desconocerla. Por eso invitamos a los Padres de familia y a la  escuela a entender el significado profundo de esa maternidad espiritual. Los niños nacen a la vida de Dios y crecen en ella, en el seno de su parroquia.

De esa manera, la acción pastoral de la Parroquia enriquece y fortalece  la vida familiar. La familia y la parroquia preparan la vida escolar, y ésta, a su vez, desarrolla, enriquece,  la vida familiar y la formación espiritual de los niños. Todo lo que se piensa, y lo que se dice,  todo lo que se hace y todo lo que se vive en cada una de ellas, se convierte en  la más sabia pedagogía para el crecimiento espiritual, intelectual y social.

La familia  y la parroquia necesitan la escuela para que en ella,  los procesos y las experiencias vividas al interior de la familia y de la parroquia continúen y sean fortalecidos por la vida escolar. *Comunidad educativa* significa precisamente eso: interacción e integración permanentes entre las tres.

Los padres de familia son los primeros educadores de sus hijos; la vida familiar es la primera y la mejor de las escuelas para los niños. En la Parroquia  nacen en la fe en Dios y  crecen en esa fe; la Escuela recibe en su seno mentes y corazones infantiles que en la familia y en la parroquia han recibido ya su primer alimento para una vida  plenamente humana, digna, libre y asociada. Por eso la vida escolar no puede ser otra cosa que un escenario, un ámbito más amplio donde se viven, se reafirman, se multiplican y enriquecen las experiencias positivas que los niños han vivido en la familia y en la parroquia. Es el trío que calificamos como necesario e irreemplazable si es que de veras queremos librar juntos la gran batalla por la familia y defender los derechos de los padres de familia como primeros educadores de sus hijos.

 La familia no puede renunciar a su propia y sagrada misión  de educadora para  dejarla toda ella en manos de la escuela. Esta, a su vez, no puede ignorar el bagaje de experiencias y procesos de crecimiento humano y espiritual vividos por los niños en el seno de la familia y en la parroquia.

Esto nos ayuda a entender por qué los procesos educativos  que viven los niños no pueden  ser diseñados y evaluados como si se desarrollaran  en  un solo espacio, o en un solo ambiente: el de la escuela. Familia y parroquia la anteceden, la preparan, para luego confiarle  continuar la tarea iniciada en la familia y en la parroquia.

También nos ayuda a entender por qué cuando se trata de la educación de los niños, hablar de neutralidad no tiene ningún sentido. Si las tres: familia, parroquia y escuela trabajan en armonía y en plan   de complementariedad de cada una con las otras dos, entonces las expresiones *educación permanente y educación integral del ser humano*empezarán a tener sentido como  una gratificante y prometedora realidad.

Aterricemos ahora. Lograr que familia, parroquia y escuela formen el trío de que venimos hablando, no es tarea fácil. Conciencia de su necesidad, de su razón de ser, de su verdadera misión, ideas claras, voluntad y liderazgo, creatividad pastoral inteligente,  son sus componentes o ingredientes indispensables.

Padres de familia, párrocos y maestros tienen que sentarse  todos juntos en la mesa de trabajo si quieren que de su acción educativa surja una persona humana, un cristiano, que años más tarde  sea capaz de construir el bien común desde la fe en el único Dios verdadero, desde la cultura y el trabajo.

Ahora bien, no me parece un despropósito atribuirle a la parroquia, y concretamente al párroco, el deber de asumir un liderazgo que lo convierta en el alma o artífice principal de esa comunidad educativa formada por familia, parroquia y escuela.  Párrocos itinerantes  que con un pastoreo personalizado se convierten en los mejores amigos de las familias y de los niños.

Creo firmemente en la actualidad y  en la vigencia de la Parroquia. En ella y por ella todos hemos nacido a la fe en Cristo Jesús; en ella aprendimos a conocer, amar, celebrar y servir a Jesucristo, a servirlo en los hermanos y a construir el Reino, y a tener el ánimo y la formación necesaria para defender nuestra fe católica. Pero la parroquia necesita asumir otro talante, otra actitud; proponerse  llevar a cabo acciones proféticas que hablen con claridad y con hondura, que cuestionen instituciones y personas, que rompan la aparente tranquilidad en la que hoy parece estar instalada. Algo que Párroco y comunidad parroquial pueden y deben  lograr en defensa de  la familia.

Lo que es la familia para la sociedad, célula básica viva, eso mismo es una parroquia para la misión de la Iglesia de Jesucristo, y concretamente para la Nueva Evangelización. Es en la parroquia en donde y desde donde se libran las más grandes batallas por el Reino de Dios. En la estructura actual de la Iglesia católica, la parroquia es vital, es irremplazable. Es la parroquia la llamada a renovar creativamente la vida cristiana.

Un párroco es alguien que ha sido llamado  por la gracia de Dios a vivir y actuar como el más entusiasta y apasionado testigo del amor de Dios, que preside lleno de entusiasmo la fiesta de la vida; que actúa siempre en toda circunstancia y lugar como  el alma de una comunidad viva de hermanos, encarnación de una Iglesia que salva y no simplemente que juzga y castiga.

Parroquias de la familia, parroquias de los niños, párrocos de la familia, párrocos de los niños: ese debe ser el nuevo rostro de la Nueva Evangelización; ese el nuevo rostro de la parroquia con la cual sueña el Papa Francisco. La familia y los niños, según el proyecto de Dios, convertidos en el eje central de la pastoral parroquial. Familias, parroquia y escuela construyendo  juntos seres humanos, hijos de Dios y ciudadanos del mundo.

En los planes y procesos de Nueva Evangelización y de Misión debe dársele prioridad a la familia, a los niños y a la Escuela, de modo que  más pronto que tarde, el trío de que venimos hablando, sea una realidad.

Una tarea pastoral que constituye todo un desafío y que a va a exigir de nosotros sacerdotes una gran creatividad y sabiduría evangélicas; dones que Dios nos dará si de rodillas sabemos pedírselos. Con ese don tenemos que  predicar sin descanso, sin miedos, en voz alta, la familia como proyecto de Dios.  Una de esas *evidencias* de las que hablaba G.K Chesterton, *a las cuales tenemos que volver*. A las que se refería Benedicto XVI cuando hablaba de *el desmoronamiento de las antiguas certezas y seguridades religiosas*. Al mismo Chesterton se atribuye una frase premonitoria: *LLegará un día en que será preciso desenvainar una espada para afirmar que el pasto es verde*.

Y de paso repetir que crear nuevas formas de matrimonio y de familia y pretender cambiar la naturaleza humana, no es competencia de ninguna autoridad humana; es un despropósito, es un absurdo. Años atrás, cuando los antibióticos todavía no habían sido descubiertos se solía decir : *témele a la sífilis*. Hoy hay que decir: *témele a la naturaleza,  porque  ella no perdona.*

Es la parroquia el mejor escenario para proclamar la obra creadora de Dios, el Evangelio del matrimonio, la belleza del plan de Dios para el hombre y la mujer unidos en el amor; en ella se nace, se crece, se madura en la fe, y se la celebra en comunión con muchos hermanos.

Es en cada parroquia donde se libra esa formidable batalla de carácter teológico y espiritual: proclamar y defender la familia como regalo de Dios a la humanidad, como una realidad sagrada, proyecto de Dios y no invento humano, signo del misterio de la unión de Cristo con su Iglesia, santuario de la vida humana bendecido  por el mismo Dios; patrimonio vigente y universal de la humanidad.

En la carta enviada por el Papa Francisco a los Obispos de Irlanda les propone que en el Encuentro Mundial de la Familia, a celebrarse  en agosto de 2018, el tema central sea: *El Evangelio de la familia, alegría para el mundo*.

Y esta batalla nunca termina. Hoy la familia vive en el seno de una sociedad pluralista y descristianizada, amenazada por ideologías que destruyen la identidad de las personas y de la misma familia; que intentan reducir el matrimonio y la familia a una pura construcción cultural, a una realidad solamente jurídica, o  a un acuerdo transitorio de mutua convivencia.

La ideología de género, por ejemplo, no es otra cosa que un intento artificial fallido  de hacer creer a los niños que ellos se construyen a sí mismos sin tener en cuenta sus diferencias psíquicas y físicas,  que cada uno tiene el derecho de hacer su propia opción sexual, y que la familia es una construcción cultural..

A sus promotores, la familia, la parroquia y la escuela tienen que decirles que esa ideología es absolutamente incompatible  con la visión cristiana del hombre y de la familia; incompatible con lo que enseña la Palabra de Dios. Las tres deben rechazarla, no como asunto de religión, sino de biología humana.

Las tres deben tener muy claro que rechazar la ideología de género no es discriminación, ni intolerancia y menos homofobia; es simplemente respeto a la biología; es respeto a la naturaleza. Denunciar  la mentira no es tener fobia alguna. Además, es claro que en la escuela lo que debe estudiarse y enseñarse es lo que está científicamente comprobado.

Las tres deben ser enfáticas en rechazar cualquier intento de promover la asexualidad del ser humano. Enfáticas en  no aceptar que la ideología de género defienda de verdad los derechos de la mujer, pues eso es una solemne mentira. La igualdad y la libertad no se consiguen negando nuestras diferencias sexuales, sino respetando la dignidad de cada sexo y lo que cada sexo aporta de positivo a la vida en  sociedad.

En el capítulo 2 del libro del Genésis podemos leer el más bello canto a la creación del hombre y de la mujer. En S. Pablo la semejanza entre el amor de Cristo por la Iglesia con el amor  que  une a los esposos. Y la doctrina de la Iglesia  la encontramos en el magisterio más reciente de los Papas Pablo VI…., San Juan Pablo II en *La Familia*, *la dignidad de la mujer* y *El Evangelio de la vida* y Francisco en *La alegría del amor.* Todos ellos han sido explícitos en afirmar que el futuro de la sociedad pasa por la familia, y de allí su extrañeza y preocupación: ¿ por qué tanto interés  y afán por destruir la familia, guiados por el relativismo, la cultura de lo efímero, la falta de apertura  a  la vida,  tratándola como una construcción cultural y no como una idea o proyecto de Dios?  

Cuando en nuestros días se habla tanto de desarrollo sostenible, encontramos que hay muy pocas cosas, o quizás ninguna, más orgánica, natural y sostenible q. una madre, un padre y los  hijos, fruto de su amor.

 Es, en otras palabras, volver a la antropología teológica: el ser humano creatura de Dios, la unidad de la persona humana, la diferencia sexual, - hombre y mujer, - la realidad del pecado y la redención por la muerte del Señor Jesús en la Cruz; la belleza del matrimonio y la familia como auténtica ecología humana.

Y como complemento de todo lo escrito arriba, agrego un deseo, un anhelo, una petición a las instituciones educativas dirigidas por religiosos/as: que no pretendan cumplir su tarea educativa como iglesias independientes. Que sean verdaderamente católicas. Que se integren a los planes diocesanos de pastoral. Que los capellanes de esas instituciones cumplan su misión en comunión con los párrocos, y que a éstos se abra  en ellas espacios de presencia y de acción, de modo que pueda hablarse de una verdadera pastoral de comunión.

Que la condición de alumno de determinada institución educativa no ahogue ni anule el sentido de pertenencia a una comunidad parroquial. Que la maternidad espiritual de la Parroquia sea siempre un vínculo mucho más fuerte que el uniforme de una escuela o colegio.

 Que los maestros católicos se constituyan ellos también en artífices inteligentes y animadores de la comunión entre Familia, Parroquia y Escuela. Su labor docente y formadora de los niños y adolescentes será, entonces, algo así como una refrendación y enriquecimiento de lo sembrado en la familia y en la parroquia, en la mente y en los corazones de sus alumnos.

Nada de pesimismo; es perfectamente  posible lograrlo. Es todo un reto, pero se puede. Esa comunidad educativa beneficiará, sin duda  alguna,  tanto a los padres de familia, como  a la parroquia y a la escuela; y por supuesto a la formación integral de  los mismos niños.

Será necesario cambiar una mentalidad, dejar de lado un  *así se hecho siempre*, establecer prioridades, asumir nuevas tareas, nuevos criterios, diseñar  actividades  que convoquen y reúnan a las tres: familia, parroquia y escuela.

La realidad hay que mirarla con valor, y con una  inteligencia que nos ahorre lamentos tardíos. Alguien decía que la Iglesia Católica llega siempre tarde. Hoy no puede ser así; ella tiene que despertar y sacudir la conciencia de los bautizados. La perniciosa ideología de género es parte de una estrategia deliberada para  borrar de la tierra el Cristianismo. Es la única explicación posible de su afán por destruir la familia; es querer destruir todo proyecto de vida plenamente humana.

Si confundimos molinos con  gigantes, querrá decir que  queremos fracasar como sociedad.  Abriéndole la puerta a imposiciones ideológicas totalitarias estaremos renunciando a nuestra vocación a la civilización, en concreto a la civilización cristiana.. Así las cosas, la iglesia no puede permanecer muda mirando para otro lado.

Hablando de protección de la familia por parte de los Estados, se dice de Europa  que está *cansada y con canas*, y de *vientres secos*.. Hay desinterés y apatía por la familia. ¿Y de Colombia… qué podemos decir…?


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